
Caminando por Bandim se amontonan los puestos de ropa. Ropa usada, venida desde todo el mundo. Algunas prendas tienen todavía la etiqueta. En el puerto se subastan contenedores, por doscientas mil Cfas compras a ciegas toda la mercancía. Un contenedor de camisas o de pantalones, o de todo a la vez. Prendas usadas. Algunas de estas prendas se lavan, o no y se exponen en el mercado cada día. Calles y calles llenas de zapatos y de ropas viejas. De casualidad me encuentro con algunas marcas conocidas, hasta se me aparece aquel top por el que peleé en las rebajas de Manchester en TopShop hace cinco años. Ahora cuelga de una percha oxidada a miles de kilómetros de distancia. Podría ser el mío, no estoy segura, hace tiempo que me cansé de él, lo tiré y resucitó.
La condena del capitalismo, todo nace, todo muere. Usar y tirar.
Y en Bandim estas prendas muertas vuelven a nacer. Estas prendas tienen la oportunidad de volver a algún armario por mucho menos dinero que en origen. Sin tanto envoltorio, sin tanta artificialidad, porque aquí al fin y al cabo se les da la utilidad que tienen, sin marcas ni artificios. Algodón y elastina sin made in China.
Y pienso en la globalización y en el consumismo como forma de vida, en cómo mi top de Manchester viene a parar a un rincón de África. Sin mis extravagancias , sin tarjeta de crédito. Pasado de moda. Sin postureo.
¡Qué miedo esta locura colectiva!. Columna vertebral de la sociedad de consumo. Consumirlo todo como ideología política que estandariza el lifestyle de la sociedad postmoderna. Barcos cargados de ropa que no se quiere que se escupe a África. Al desecho de la humanidad. Al estercolero del mundo.
¿Y acaso no es otra moda absurda la del usar y tirar, que alcanza ya no solo a prendas , sino a personas incluso?
¡Cuánta artificialidad!
Es el capitalismo el opio del pueblo. Consumir hasta morir.
¿Y no es la forma en que consumimos reflejo de la forma en la que nos relacionamos?.
Amistades superfluas, relaciones débiles y de plastilina, sociedad líquida con miles de náufragos a la deriva. Quizás nuestros principios y valores, si es que nos quedan en algún rincón de nuestro armario, también acaben en un futuro en algún contenedor camino de África.
Principios de usar y tirar.
Moralidad de usar y tirar.
Sostenibilidad de usar y tirar.
Hipocresía que está de moda en una humanidad “take away”.
FELICES REYES
Maruxa Matamala.
