El viajar amplía tus horizontes, te da otra perspectiva de la realidad. Otros mundos son posibles. Intercambio iónico entre una resina que es tu mente y otra resina que es el otro. Y abrazo al otro en el camino, me fundo con él siendo él. Viajándole. 

Cielo, mar y tierra. Y mente. ( Anunciaban viajes telepáticos).

Viajome durante algún tiempo, me exploró, me palpó. Y siguió su camino. En eso consiste viajar, en no dejar de andar, de mirar hacia el frente, hacia todos los horizontes que nos quedan por descubrir. Ansias de salir, de escapar. De dejar de ser una isla dentro de otra isla. Era lejos de la isla donde más cerca de si mismo se  encontraba. Refracción de la realidad. Velocidad igual a espacio partido por tiempo. Y tenemos un tiempo finito para viajar. El tiempo es finito porque lo ha creado el hombre que es finito. Siendo el espacio todo en sí infinito. Patrimonio intangible.

Las mejores historias siempre surgen en un aeropuerto, sala de parto, puerta de embarque, billete de ida. Viajándome. Porque es así como me siento en estado puro, al igual que el carbono, que puede ser diamante o grafito, formando enlaces covalentes fuertes en su estructura.

Viajándote me acerco, te olisqueo, te conozco, me inspiro. Cambio, me amoldo, me transformo. Como si toda yo que soy agua adopta la forma de tú, que eres recipiente. 

Que no se te quiten nunca las ganas de viajar. Medicina para el alma. Masaje para mis sentidos. Vuela mientras tengas alas, sé nómada, libre. Viájame.

Maruxa Matamala


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