Punto triple del agua

Vivimos un sin fin de vidas dentro de la misma. La vida de padre, de hijo, de vecino, de compañero, de casado, de soltero, de amante. De un novio, otro novio, cientos de novios, cientos tú, cientos nosotros. Evolucionamos, cambiamos.


Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Descifrar esas micro-vidas, solaparlas, superponerlas tipo “collage”. Fotografía del alma.

Estamos tan bombardeados por lo inmediato, por el ya , por lo breve, por lo líquido. Me diluyo.

Al igual que el agua, adopto la forma del recipiente que me contiene. Cambiando de estado. A veces sólido, otras líquido y la mayoría de las veces gaseoso.

SOY SÓLIDO: cuando me aferro, me agarro a lo conocido, el saltar me da miedo y me paraliza, me congelo casi inerte, en un estático claustrofóbico.

SOY LÍQUIDO: me dejo llevar, fluyo. A favor de la vida , con ella y para ella. Soy cambiante, me experimento, me moldeo. Desparramándome y haciendo charcos. No me identifico, sin espejos en los que mirarme, me mimetizo con el continente siendo todo yo el contenido.

SOY GAS: volátil, ligero, en expansión, sin volumen. Burlándome de las fuerzas atrayentes. A veces noble, a veces plebeyo. Sin forma propia me dejo seducir por todo el universo.

Busco el equilibrio, por momentos lo alcanzo, lo rozo. Micromomentos. Microequilibrios.

Ansiando siempre constante , ese “momento crítico”, en el que sobrepasar mis límites y trascender.

Maruxa Matamala


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