Celebración de un gol en Guinea Bissau

Aquí todo es fiesta, alegría, diversión , celebración. No importa cuál sea el motivo, desde una Nochebuena en un país predominantemente musulmán, hasta un uno a uno en la copa de África de fútbol. Risas, saltos, cacerolada multitudinaria. Todo vale para manifestar el júbilo y el contento que se siente en el momento. Efímero como el gol. Sabroso como la victoria. 

Ríos de niños corriendo sin orden ni control, cantos, danzas, volteretas y acrobacias ,con el único objeto de celebrar la alegría. Estoy contento, que todo el mundo lo sepa. Que el mundo se una a mí. 

Minutos antes se amontonaban en la puerta de los bares decenas de curiosos que desde fuera intentaban seguir la jugada. Todos de pie, apoyados unos sobre otros, algunos, los más suertudos subidos a una silla o a cualquier objeto de madera que les confería la ventaja de sobresalir entre las cabezas apelotonadas, como sobre volando la muralla pensante de cabello oscuro apelmazado. Poco a poco se va tejiendo una tensión en el ambiente, el partido a punto de terminar, iban perdiendo por uno. Y de repente se hizo el milagro. Gol. Final del partido. Comienza la fiesta. 

Alegría, festejo, brindis y abrazos. Me encanta la naturalidad de la gente. 

Hoy fue un gol, pero ayer fue música espontánea en la calle y todo el mundo a bailar. Qué viva el presente. Lo siento y bailo. Aquí la vida es una fiesta en sí misma, sin motivo ni justificación. ¿Acaso es necesario un motivo para la alegría? Aquí me demuestran que no. Soy alegre y vivo alegre, lo comparto, lo celebro, lo disfruto. Te tiendo la mano con una sonrisa, para que también tú bailes, saltes, rías y corras. Quiero que celebres conmigo, porque hoy ya no existe otra cosa. 

Me conmueve esta simplicidad, esta espontaneidad. Y sin darme cuenta me dejo llevar por este flujo mágico de energía. De alegría. Y sin saber cómo me veo festejando yo también ese gol, esa nochebuena, esa música o lo que sea. Sin saber cómo me veo yo también en una fiesta. Alegría de vivir . Celebración del instante. Música, palmas y danza. Aplaudiendo el vivir. Porque no se me ocurre una manera mejor de sortear la vida, empoderándonos con una sonrisa, soltando una carcajada bien sonora y acompañándonos de la cadera. Es casi un arte sobrenatural, innato. La vida aquí es fiesta.

Maruxa Matamala


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